Terapia asistida con animales en niños con trastornos
de déficit de atención e hiperactividad.
Por Miguel Ángel Signes Llopis
Acariciar un animal es beneficioso para la salud y el bienestar de las
personas, ya que la calidad de las relaciones sociales depende en gran parte
del tacto. Las sesiones de terapia o educación son una gratificación táctil,
con valor terapéutico, tanto para la mejora de la salud psicológica como de la
física.
Miguel Ángel Signes Llopis. Experto en problemas de
comportamiento, modificación de conducta, Asesor y Terapeuta canino certificado
por AEPE en el Curso Máster de Etología Canina Avanzada. Curso de Etología
Clínica y Bienestar Animal impartido en la UEX. Técnico en Terapia Asistida con
Animales por la Fundación Bocalán. Técnico en terapia asistida con perros por
CTAC (www.ctac.cat). Autor de varios
artículos científico-técnicos de Etología Clínica Canina y de Terapia Asistida
con Animales. Colaborador dePortal de Veterinaria
Argos y de la revista Especies.
Hart (2003): “Los efectos calmantes de los animales son especialmente valiosos
con los niños que muestran alteraciones de falta de atención e hiperactividad y
trastornos de conducta y han servido de base para intervenciones terapéuticas.
Una amplia serie de estudios en un entorno educativo ha mostrado que los animales
atraían y mantenían la atención de los niños y dirigían su atención al exterior
(Katcher & Wilkins, 1997). Calmar a los niños fue un primer paso esencial.
Una vez que su atención había sido movilizada y dirigida hacia fuera, la
agitación y las agresiones disminuían, mejorando el entorno educativo. Las
mejoras en la conducta se generalizaron a otras situaciones pedagógicas, pero
no a todas”.
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| Al Canis familiaris también se le puede utilizar como modelo para trabajar con niños que tengan problemas de lectura. Aquí tenemos a Airon “leyendo una revista”. (Foto: M.A. Signes). |
Sabemos que los niños y los adolescentes con Trastornos Déficit de Atención
(T.D.A) e Hiperactividad (H) tienen problemas psicosociales y suelen mostrar
impulsividad, agresividad, impaciencia, trastornos conductuales, falta de tacto
en el trato con otras personas, búsqueda de sensaciones nuevas (por lo que
suelen adoptar comportamientos de riesgo), conductas desafiantes, baja
autoestima, problemas en la atención, concentración, aprendizaje y en el
rendimiento. Todo ello provoca fracaso escolar y conflictos en las relaciones
interpersonales, entre otros problemas.
También estos niños y adolescentes suelen tener ansiedad, estrés y depresión, y
un animal de compañía tiene un impacto directo tanto en la respuesta
psicológica como en la fisiológica, reduciendo estas sintomatologías. Friedmann
(2003) dice a este respecto: “La observación implícita o el estar en presencia
de animales tiene un impacto directo tanto en la respuesta fisiológica
(Friedmann et al., 1983b) como en la salud psicológica: menor
ansiedad (Sebkova, 1977) y menos depresión (Holcomb et al., 1997)”.
Serpell (2003) dice respecto al estrés: “Los animales de compañía pueden
proporcionar a las personas una forma de apoyo social que reduce y amortigua el
estrés (McNicholas & Collis, 1995; Serpell, 1996; Siegel, 1990)”.
Acariciar a un animal es beneficioso para la salud y el bienestar de una persona,
ya que la calidad de las relaciones sociales depende en gran parte del tacto.
Las sesiones de terapia o educación son una gratificación táctil, con valor
terapéutico, tanto para la mejora de la salud psicológica como de la física.
Fine (2003): “Baun et al.(1984) opinan que los animales poseen un
efecto tranquilizador sobre las personas y reducen su nivel de excitación. Los
datos de su estudio relacionaron el contacto táctil con un perro con bajas
presiones sanguíneas inducidas experimentalmente”.
Los objetivos a alcanzar en las sesiones de educación o terapia asistida con
animales con este colectivo son, entre otros, los siguientes:
- Mayor
motivación, atención y concentración en su entorno inmediato.
- Incremento
en la motivación frente a actividades como la lectura, el aprendizaje y el
trabajo en equipo, mejorando la capacidad para seguir instrucciones.
- Reducción
de la impulsividad y la agresividad.
- Mejora
de la autoestima y la autodisciplina.
Para alcanzarlos, los animales de compañía se pueden aplicar en las
sesiones de educación o terapia de las siguientes maneras.
Como fuente de tranquilidad y atención
Serpell (2003): “Los animales pueden inducir un estado de relajación inmediata,
psicológicamente tranquilizador, por el simple hecho de atraer y mantener
nuestra atención (Katcher et al., 1983)”.
Los animales de compañía son de gran utilidad ya que atraen y mantienen la
atención de niños o adolescentes con T.D.A.H, llegando a mejorar el entorno
educativo y terapéutico. Es más, según Katcher y Wilkins (2003): “La atención
dirigida a los animales se asocia con una inhibición del comportamiento porque
el niño no sabe qué va ha hacer el animal. El animal constituye un estímulo que
presenta novedades constantes. La inhibición del comportamiento crea un periodo
de tiempo durante el cual el niño puede formular preguntas acerca del animal.
El animal crea una “necesidad de saber” o una curiosidad que sólo puede ser
satisfecha si el niño formula las preguntas adecuadas”.
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| Airon saludando. (Foto: M.A. Signes) |
Como objeto transicional
Utilizar a un perro como objeto transicional puede convertirse en una defensa
muy efectiva contra el estrés, la ansiedad y la inseguridad, siendo éste para
el niño y/o adolescente una forma segura e inocua de reducir estos síntomas. Es
más, un animal “les abre la puerta”, facilitando la expresión de sentimientos y
explicándole experiencias que no le han contado al terapeuta.
Además, usando a un perro como objeto transicional se puede trabajar con los
niños y los adolescentes la atención, la concentración, el fomento de la
autodisciplina, el aumento de la autoestima, la sensibilidad, el amor sin
propiedad, el compartir vivencias y posesiones, el área socioemocional, el
reforzamiento lógico matemático, la capacidad de cálculo matemático y de
asociar números a cantidades; el respetar turnos y el seguimiento de
instrucciones; o programas de lectura y dicción, entre otras múltiples
aplicaciones.
Como elemento no amenazador y compañero de juego
Para que el tratamiento sea más efectivo es bueno disponer de un marco en el
que el niño o adolescente no se sienta amenazado o desafiado. Sabemos que los
animales son menos desafiantes que los humanos lo que permite mejorar su
habilidad de relacionarse sin amenazas. Seguidamente, es más fácil que trasladen
su interés hacia otros seres vivos, como el educador o terapeuta, lo que
facilitará la comunicación entre ambos, haciendo el animal de “lubricante
social”. Katcher y Wilkins (2003) dicen a este respecto: “Puesto que la
presencia del animal dirige la atención del niño hacia el exterior, reduce el
nivel de excitación y permite que el niño perciba con más precisión el
comportamiento de los terapeutas y otros niños, inhibiendo de esta manera la
utilización de los prejuicios negativos acerca de la intención del terapeuta.
Esta tendencia favorecía el desarrollo de una red de atribuciones positivas
hacia el animal, el personal relacionado con los animales y los otros
niños”.
En cuanto a la utilización de un animal como compañero de juego, sabemos que es
más efectivo que los juegos o juguetes tradicionales, ya que al ser un ser vivo
provoca una gama de reacciones más amplia y es capaz de proporcionar mucha
interacción. Katcher y Wilkins (2003) dicen: “Los niños TDAH y con trastornos
de conducta tienden a hacer atribuciones negativas acerca de sus compañeros,
sus padres y los adultos, proyectando hostilidad y justificando su propio
comportamiento agresivo. La gente relacionada con los animales es percibida de
forma positiva, y al introducir los animales en la terapia existe una mayor
interacción positiva entre el paciente y el terapeuta”.
Como potenciador del aprendizaje
Ruckert (2007): “En el curso de mis investigaciones y entrevistas, he
comprobado que entre los animales y los niños se forma un vínculo especial que
contribuye a un aprendizaje saludable. Desde el momento en que el niño o la
niña se encuentra con el animal, éste le servirá de maestro, amigo y
terapeuta”. También Melson (1990) nos dice que un perro es beneficioso para el
desarrollo del niño.
Sabemos que un animal de compañía no solo modifica el entorno educativo y
terapéutico sino que además, en niños con T.D.A.H., les puede ayudar a aprender
nuevas habilidades y a reducir los problemas de comportamiento: “Además de
ayudar en el aprendizaje de nuevas habilidades, la presencia de animales en
entornos terapéuticos puede ser útil para reducir problemas de conducta de los
pacientes (Burch 2003)”.
En un niño con problemas de comportamiento el hecho de realizar una actividad
encaminada a cuidar, alimentar, cepillar o preparar la cama a un perro, no sólo
aumenta la autoestima, fortalece la socialización y desarrolla la empatía, sino
que estas actividades son las adecuadas en el tratamiento de personas con un
comportamiento antisocial, un pobre sentido de la responsabilidad y un bajo
nivel de autoestima. Katcher y Wilkins (2003) dicen: “La competencia conseguida
a través del dominio del miedo, el aprendizaje de los comportamientos
necesarios para cuidar a los animales y el incremento de la habilidad para experimentar
una interacción social gratificante con los animales, con el personal y con
otros niños, aumentaría la autoestima y la probabilidad de que el niño deseara
aprender en otros contextos”.
Además, es aplicable en niños en los que el habla controlada no está bien
desarrollada, pudiéndose utilizar un perro para potenciar el aprendizaje. El
niño le daría órdenes y el animal las cumpliría (siéntate, échate, vete a tu
sitio, saluda, tráeme la pelota, etc.). Katcher y Wilkins (2003) dicen:
“Descomponiendo el proceso de aprendizaje en unidades en las que el educador
explica y muestra cómo actuar, se ayuda al niño a desarrollar una capacidad
para el habla controlada que es la guía del comportamiento moral y favorable a
la resolución de problemas en los niños normales (Vygostky, 1986)”.
Como modelo
Un ejemplo de la utilización del perro como modelo lo podríamos obtener cuando
tratamos de fomentar la autodisciplina en el niño o adolescente. El simple
hecho de adiestrar a un perro en la obediencia hace que perfeccione su
capacidad de autodisciplina, además de fomentar la concentración y la
seguridad.
También en un niño que fracasa por falta atención y concentración en la
realización de ejercicios matemáticos. Con un perro se puede trabajar esta área
como modelo, realizando el siguiente ejercicio matemático: en una pared de la
sala se ponen los número del 0 al 9 y los signos de la suma (+), resta (-),
división (:) y multiplicación (x). Se le pregunta al niño qué quiere que
calcule el perro. El niño, por ejemplo, le contesta que quiere multiplicar 25
por 4. El perro le dice al niño el resultado, 100, tocando con el hocico los
números, 1, 0, 0. Seguidamente, es el animal, tocando mediante el hocico, el
que le dice al niño el cálculo que tiene que hacer. Si el niño se equivoca, el
perro le puede ayudar hasta lograr el fin, que el niño realice correctamente el
cálculo.
Como cómplice
Con estos niños se puede utilizar al animal como cómplice. Por ejemplo, en el
ejercicio matemático anterior el/la terapeuta les puede pedir que hagan uno o
dos cálculos juntos. El niño dice los resultados y el perro los marca con el
hocico.
Otro ejemplo sería que el niño y el perro han estado jugando con unas pelotas.
Una vez finalizan el juego, al niño y al perro se les puede pedir que las
guarden en un cajón. Ambos participan en el seguimiento de instrucciones
habiendo una complicidad entre ellos.
Como reforzador de conductas
Utilizando a un Canis familiaris como reforzador de conductas
con este colectivo de niños se pueden trabajar muchos aspectos: la atención,
concentración, bajada de la ansiedad, aumento de la autoestima y confianza en
sí mismo, la autodisciplina o el seguimiento de instrucciones, entre otros.
A un niño hiperactivo, que ya tiene interés por el animal y quiere jugar con
él, el terapeuta puede pedirle que permanezca sentado durante un tiempo antes
de iniciar el juego y, de este modo, trabajar la tranquilidad y el seguimiento
de instrucciones.
Por otra parte, en un niño con T.D.A., si el objetivo es trabajar el mantenimiento
de la atención durante un tiempo, la concentración, la responsabilidad y el
aumento de la autoestima, se le podría asignar la tarea de alimentar al animal,
rellenando un juguete interactivo del perro con bolitas de pienso y que una vez
ha finalizado de rellenar, se le da al perro para que saque las bolitas de su
interior. El perro al tocar el juguete con la pata o el hocico hace caer las
bolitas de pienso y se las come, reforzando la conducta del niño.
En definitiva, la utilización de animales de compañía, especialmente el Canis
familiaris, como herramienta al servicio del educador/a o terapeuta
potencia el aprendizaje, modifica el entorno educativo y terapéutico y facilita
que se logren los objetivos más rápidamente, resultando especialmente útil en
niños con trastornos déficit de atención e hiperactividad, mejorando su calidad
de vida y su integración social.
Bibliografía
Cusack, O. (2.008): Animales de Compañía y Salud Mental. 2ª Edición. Fundación
Affinity.
Fine A. H. (2003): Manual de Terapia Asistida por Animales. Fundación Affinity.
Levinson, B.M (2.006): Psicoterapia Infantil Asistida por Animales. Fundación
Affinity.
Ruckert, J. (2.007): Terapia a cuatro patas. 2ª Edición. Fundación Affinity.
Signes M.A., Rodrigo M.D. (Agosto, 2009) en: “Animales de Compañía y Niños: Una
Relación Educativa y Terapéutica” (www.ataaasafor.es). Consultado el 05/09/09.
LUZ DERQUI
Actualizado 15/10/2002 - 01:00:03
Uno de los discapacitados pasea a caballo en el Centro Hípico de Mas
Camarena. MIKEL PONCE
VALENCIA. Importantes beneficios psíquicos y físicos.Estos son los
resultados del contacto con los caballos por parte de jóvenes con
discapacidades psíquicas severas, según está demostrando la experiencia llevada
a cabo por el Instituto Valenciano de Atención a los Discapacitados.
La Generalitat Valenciana ha incorporado la equinoterapia al tratamiento de
los jóvenes con discapacidades severas, tras comprobar los buenos resultados
obtenidos del contacto con estos animales. Los caballos se convierten así en
una herramienta terapéutica y de integración que mejora la vida de los
discapacitados y proporciona alternativas nuevas a las terapias clásicas.
En este sentido, el conseller de Bienestar Social, Rafael Blasco, presentó
ayer el taller de equinoterapia impulsado por el Ivadis, una iniciativa que
combina aspectos tanto lúdicos como terapéuticos.
La equinoterapia permite a los jóvenes discapacitados mejorar el
equilibrio, aumentar el dominio y la coordinación corporal y conseguir unos
reflejos más rápidos, además logra disminuir la espasticidad ayudado por el
movimiento rítmico del caballo, pero, según los expertos, son aún más
importantes los beneficios psicológicos y sociales.
Bienestar y autocontrol
En este sentido, la terapia con caballos permite que el jinete consiga «una
sensación de bienestar, mayor autocontrol y capacidad de disciplina y se
incrementa la confianza en uno mismo». Además, entre los aspectos sociales que
trabaja destaca el desarrollo de la amistad,el respeto y cariño hacia los
animales, mejora la relación con los demás y les aporta experiencias de vida
gratificante, «aumentando la capacidad de atención y mejora de la coordinación
oculo-manual, el dominio espacial y la diferenciación.
El Ivadis inició las terapias con caballos hace aproximadamente un año en
el Centro L´Almara, de Burjassot, para continuar en el Centro Hípico de
Camarena.
El taller de equinoterapia incluyeuna primera toma de contacto entre el
jinete y el animal. Los jóvenes entran en las cuadras, acarician y cepillan al
caballo. Después, el monitor distribuye los caballosy los discapacitados
caminan con ellos y pasean con las riendas cogidas. Sólo después de este
contacto con los animales, los jinetes montan a caballo y salen del picadero.
Empresa pública
Por otra parte, el conseller destacó el trabajo que realiza el Ivadis,
primera empresa pública de España dedicada a la protección, tutela y promoción
de las personas con discapacidad mental. Entre las actividades realizadas para
el fomento del ocio y del tiempo libre, destacan las acampadas, deportes adaptados,
actividades culturales, excursiones o fiestas.
En este sentido, un total de 2.460 personas con discapacidad, acompañados
por más de mil voluntarios han participado en lo que va de año en campamentos
organizados en diferentes albergues, residencias, hoteles o granjas escuela de
toda España.
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